Cómo Salirte del Camino y Aun Así Llegar a tu Destino

Publicado el 26 de March @ 6:40 am por Leo Alcalá

Te va a suceder. Puedes esperarlo. Quieras o no, es parte del proceso. Y es importante aceptarlo, para que puedas optimizar tu progreso.

¿A qué me refiero? A que te vas a salir del camino. Te vas a desviar. Y eso está bien.

Te lo muestro con una de mis metáforas favoritas: el vuelo de un avión entre dos puntos.

¿Sabías que un avión, una vez que despega y hasta que aterriza, va a pasar 95% del tiempo fuera de rumbo? El piloto, antes de salir, prepara el vuelo y define un plan con la intención de desplazarse de manera óptima entre origen y destino.

El plan de vuelo marca con precisión una ruta aérea a seguir. Pero es sólo eso, un expectativa. La realidad del proceso es otra. Desde que el avión despega, digamos que de la ciudad de Caracas, hasta que aterriza en Miami, por ejemplo, el piloto va a encontrar que se desvía constantemente del camino ideal que se ha propuesto.

Resulta que viene un viento que no se había previsto y éste empuja a la nave. El avión comienza a desviarse de la línea recta virtualmente trazada en el aire. Unos kilómetros más adelante, un cambio de presión atmosférica induce otras variaciones en la trayectoria. Así y constantemente durante el trayecto del vuelo, el avión se mueve y se sale de curso.

¿Cómo es que una nave que pasa el 95% del tiempo fuera de curso logra aterrizar, tres horas después en nuestro ejemplo, exactamente en el destino que había determinado?

¿Qué le permite al avión “dar en el blanco” aun cuando no logra mantenerse por mucho tiempo en su línea de vuelo?

Una de las claves: corregir. Constantemente el piloto, o la computadora de vuelo, están corriendo el curso. Pero ¿qué les permite corregir? No puedes hacer nada ante lo que no eres consciente. Sólo puedes enderezar aquello que te das cuenta que está desviado.

Pero la toma de consciencia es el resultado de un proceso de pensamiento previo: la evaluación entre el plan y los hechos.

Technorati Tags: ,


Sigue leyendo »

No Puedes Escapar de la Acción y la Reacción

Publicado el 17 de March @ 6:20 am por Leo Alcalá

Una ley es algo que “es” independiente de ti. Como la ley de la gravedad. No importa si estás de mal o buen humor, con actitud negativa o positiva, con indiferencia ante la vida o claridad de propósito, con apatía o entusiasmo—salta de un tercer piso y caerás como un plomo al piso.

Esta dinámica es igualmente aplicable a ley de acción y reacción, que dice que todo acto genera una consecuencia. Que si haces algo, producirás un resultado. Esta ley tiene un corolario:

Si quieres un resultado en particular, buscar ejecutar la acción que le precede.

Esta última expresión de la ley es una de las bases de toda la literatura de autoayuda, desarrollo personal y profesional.

Pero menos evidente es un hecho que para muchos pasa desapercibido (y en ocasiones con consecuencias nada deseables). Quienes no se dan cuenta de esto viven como víctimas de la ley en vez de aprovecharla de forma consciente.

El asunto es que no puedes escapar de la acción y, por ende, de la reacción. En otras palabras: siempre estás haciendo algo y gestando un efecto.

Es evidente que si haces ejercicio de forma adecuada (acción) mejoras tu salud (resultado). Pero menos presente está el hecho de que si te la pasas sentado todo el día (acción) experimentarás tarde o temprano los efectos del sedentarismo (resultado).

No porque creas que no estás haciendo nada la ley deja de entrar en efecto.

¿Estás sentado frente al televisor “sin hacer nada” comiendo chucherías? Esa es una acción que, si es repetida con frecuencia y exceso, te llevará a un destino marcado por baja energía, aumento de peso y posible depresión.

¿Crees que porque no has tenido la conversación con tu pareja que has evitado todo está bien? Piénsalo otra vez: la inacción es una ilusión; estás ejecutando la acción de “no hablar” y ésta tendrá sus consecuencias.

Siempre estás haciendo algo y por ende siempre estás contribuyendo a la producción de un efecto.

¿Cuál es el resultado al que estás apuntando cuando crees que no estás haciendo algo?

 
¿Qué es lo que estás dejando de hacer que, en realidad, está llevándote cada vez más cerca a un resultado determinado?

Lo reitero: el “no hacer” es una manera de actuar que igualmente está sujeta a la ley de acción y reacción. Cuida esto. Porque…

En el fondo hay un sólo tipo de víctima: aquel que vive al efecto de su propia inconsciencia.

No caigas en esa trampa. No puedes escapar la acción. Tampoco la reacción que le sigue. La ley siempre está presente. Úsala a tu favor.

Technorati Tags: , ,

Al que madruga… el tiempo le sobra

Publicado el 13 de March @ 11:05 pm por Leo Alcalá

Bueno, tampoco así. Igual quisiera a veces que mis días tuvieran unas 12 horas de más. Pero definitivamente de un par de semanas para acá mi experiencia cotidiana ha cambiado: mayor productividad; más tiempo en cosas importantes mas no urgentes; y una sensación de control que tienes que probarla para conocerla.

Resulta que en múltiples oportunidades me he encontrado—en libros, artículos y audiolibros—con la relación entre el levantarse temprano y el éxito. Tan reciente como ayer, en que leí una serie de reseñas acerca de los hábitos de trabajo de algunos de los más importantes ejecutivos de nuestro tiempo y lo común que es en ellos el ritual de comenzar el día a tempranas horas.

Pero no había hecho nada al respecto. No era que me aferraba a las sábanas hasta tarde, pero nada como la hora a que se hacía referencia en la literatura del éxito (yo me despertaba a eso de las 7:30 AM, mientras que la hora que más recuerdo haber leído comenzaba con un cinco).

Decidí emplear la misma estrategia que apliqué a mis escritos: probar por 7 días que luego podrían renovarse—y de hecho, así lo hice.

Llevo un par de semanas levantándome a las 5 AM. ¡Y qué cambio!

Energéticamente todavía estoy en una fase de ajuste, aunque logro mantener mi energía en alto hasta la noche, valiéndome de una siesta reparadora de 20 minutos a mitad de tarde.

El mayor beneficio es éste: comienzas tu día en control de lo que eliges hacer.

Para hacer explícito lo que me refiero con esto, te describo cómo era antes. Me levantaba a eso de las 6:20 AM para rápidamente, junto a mi esposa, hacer los preparativos para llevar a Maya, mi hija, al colegio. Desde que habría los ojos ya estaba en modo de urgencia. Me levantaba reaccionando ante el reloj que implacablemente me hacía consciente de lo atrasado que ya estaba.

Ahora, a las 5 AM, comienzo mi día con algunos estiramientos, tomando un té, escribiendo en mi diario, planificando mi día, leyendo. Para el momento de despertar a Maya ya no sólo he sido productivo, sino que también me he regalado el privilegio de tener tiempo para mí y para lo que sin ser urgente es vital para mi enriquecimiento.

La sensación de control, libertad, vitalidad y productividad es extraordinaria. Le he agarrado el gusto. Y pienso continuar con el fortalecimiento de este nuevo hábito.

¿Cómo podría enriquecerse tu vida si te levantaras más temprano?

Imagina que no te despiertas con la realización de que ya es tarde o de que tienes el tiempo tan contado que no existe más alternativa que apurarte. Imagina que más bien tienes ante ti la magnífica oportunidad de regalarte lo que hoy es una de las cosas más preciadas de la vida (por lo escaso que es): tiempo para ti y para lo que enriquece tu alma, tu cuerpo y tu mente.

¿Te das cuenta de lo poderoso que eso sería?

Da por sentado que tu cuerpo se adaptará. Que es cuestión de costumbre y que antes que después tu ritmo de sueño se va a regular.

¿Estarías dispuesto al reto?

¿Qué podrías hacer con 30, 60, 90 o 120 minutos exclusivos para ti temprano en el día cuando no hay interrupciones en el ambiente?

Te propongo una estrategia para que la pruebes:

1. Comprométete por 7 días a levantarte temprano a una hora que escojas apropiada para ti. Essólo una semana; ya después evaluarás si deseas extender el compromiso o soltarlo.

2. Levántate todos los días, sin excepción (incluyendo sábado y domingo), a la misma hora. Algo que me ha funcionado ha sido decirme “Me levanto a las 5 no importa si todavía tengo sueño. Ya después si lo necesito me volveré a dormir, pero por lo menos me levanto y paso una hora despierto”. Hasta ahora, tan sólo una vez volví a la cama. De resto, una vez levantado y en acción, el deseo de sacarle el jugo al día se incrementa.

3. Se flexible con la hora de irte a dormir. Si un día estás más cansado, acuéstate más temprano. Pero si duras hasta tarde, no importa las horas de sueño, vuelve a levantarte a la hora fijada. Ya podrás, si lo necesitas, dormir una o varias siestas durante el día.

Esta estrategia busca optimizar el proceso en que tu mente y tu cuerpo se acostumbrarán a la nueva rutina. Otro punto importante: asegúrate de tener de antemano claro en qué vas a aprovechar esos nuevos y refrescantes minutos.

Invierte este nuevo tiempo en algo que, ya para cuando el resto del mundo comience a levantarse, te haga sentir orgulloso y lleno de vitalidad.

Technorati Tags: , ,

Busca Optimizar lo que ya Sabes Hacer

Publicado el 5 de March @ 10:06 pm por Leo Alcalá

Cuando lo vi me dio curiosidad. Definitivamente era diferente a cómo yo venía haciéndolo. Y me pregunté por el efecto que tendría.

Esos días, mi esposa, mi hija y yo, habíamos ido a pasar unos días en la playa junto a una pareja amiga. Una mañana, de pronto, salió Bernardo con su afeitadora eléctrica en mano rasurándose la barba. Sus movimientos sobre la piel de su cara eran distintos a los que yo acostumbraba. Eran más rápido. La técnica era diferente.

Resulta que apenas pocos meses antes había incursionado en el mundo de las afeitadoras eléctricas. Y no estaba del todo satisfecho con los resultados. Mi cara quedaba un tanto rasposa.

Pero luego de ver a Bernardo, decidí probar. Y el cambio fue palpable. Logré una afeitada mucho más al ras :-)
De esta anécdota saco algunas ideas que son importantes a tener en cuenta y a poner en práctica para mejorar tu desempeño. Estés hablando de lo sencillo como tu higiene personal, de lo complejo como coordinar un proyecto multimillonario, o de lo trascendente como mantener una relación de pareja enriquecedora y satisfactoria, ten éstos principios en mente:

1. Prácticamente todo puede ser optimizado.

 
2. Los resultados están atados a las estrategias que aplicas. Si quieres mejores resultados, necesitas buscar mejores estrategias.

 
3. Una de las maneras más eficaces y rápidas de encontrar una mejor forma—más eficiente, más productiva, más elegante, más satisfactoria—de hacer las cosas es aprendiendo de quien lleva más tiempo obteniendo mejores resultados. Es la estrategia de encontrar un modelo a seguir y descubrir las estrategias que aplica. Si hace lo que él hace, obtendrás el mismo tipo de resultados.

 
4. En general, siempre hay un nivel más allá. Estemos hablando de cantidad, de calidad o de profundidad, el camino a la maestría nunca termina.

Esto me lleva a dejarte con algunas preguntas para tu consumo:

¿Qué podrías optimizar en tu trabajo?

 
¿Qué podrías mejorar en tu vida personal?

 
¿Qué cosas diferentes podrías intentar para obtener mejores resultados?

 
¿Quién sería una persona (o pareja, equipo de trabajo o empresa) a modelar y de la cual aprender mejores formas de hacer las cosas?

 
Si fueras a establecerte un reto personal de mejorar algún área de tu vida ¿cuál sería tu desafío para los próximos 30 días?

La importancia de aprender a manejar la frustración

Publicado el 4 de March @ 7:21 am por Leo Alcalá

Frustración. Eso era lo que Maya—mi hija de cinco años—estaba experimentando. Lo expresaba con sonidos de altos decibeles que eran como la fusión de un rugido de cachorro de león con un quejido de dolor.

Habíamos estado jugando a lanzar una moneda al aire para ver si caía cara o sello. A ella le gustó la forma en que yo lo hice, haciéndola girar en el aire y luego atrapándola sobre una de mis manos, y quiso intentarlo. Pero le salió mal.

Así que aproveché la oportunidad para enseñarle. Pero su frustración inicial no la dejaba aprender. Llevé el proceso a su movimiento inicial más sencillo: disparar el pulgar hacia arriba—más tarde la moneda sería impulsada por este movimiento hacia el aire.

Nuevamente, la frustración que Maya alimentaba bloqueaba su proceso de aprendizaje.

¿Y cuántas veces te sucede algo similar?

Intentas algo nuevo. No te sale bien. Te frustras. Te juzgas incapaz. Abandonas el intento. Justificas tu decisión con frases como “Es que yo no sirvo para eso”.

Una de las emociones más importantes a aprender a manejar y canalizar constructivamente es la frustración. La vida nos pone en múltiples oportunidades ante esa expresión emocional—desde los encuentros con grandes fracasos hasta los tropiezos con simples decepciones.

¿Qué haces ante la frustración?
¿Qué haces cuando te frustras?

Porque de que vas a experimentarla, vas a experimentarla. Tenemos naturalmente el ímpetu por crecer y lograr y desarrollarnos y alcanzar cosas más allá de lo que hoy somos. Y el juego de la vida nos entrega retos y obstáculos y limitaciones y adversidades. Así que no podemos escapar de encontrarnos, de vez en cuando, cara a cara con la frustración.

Pero la frustración puede conducirnos por varios caminos según nos relacionemos con ella. Tú puedes transformar tu frustración en depresión o en determinación, en abandono de tu deseo o en perseverancia, en rabia con lo que obstaculiza tu camino o en compromiso por fortalecerte ante las circunstancias.

¿Qué decides hacer?

La frustración puede matar la oportunidad de aprendizaje o darle vida a la tus posibilidades para crecer. En este sentido, la frustración—al igual que cualquier otra emoción—es un mensajero que nos llama a la acción. El mensaje que encierra es simple: confirma que te importa lo que has intentado, que todavía hay algo por aprender y que hace falta que perseveres con inteligencia.

Seguramente no lo recuerdas, pero intuitivamente tú hiciste un excelente uso de tu frustración hace mucho tiempo. ¿Recuerdas cuando dabas tus primeros y torpes pasos en tu intento por aprender a caminar? Seguramente no; tenías apenas unos meses de nacido. Pero no soltaste tu intención por aprender. Perseveraste. Y sabías que si te seguías dando la oportunidad, era tan sólo cuestión de tiempo y estarías haciendo uso apropiado de tu potencial motriz.

Tú no te juzgaste incapaz porque al intento número cuatrocientos ochenta y dos todavía te tambaleabas y te caías. Seguiste intentándolo. Y lo lograste.

Reitero el mensaje:

La frustración es parte natura del proceso de aprendizaje y evolución. Decide transformarla en fuente de energía con la que renovar tu determinación de éxito, no en excusa para apagar tu pasión por crecer.

No es la frustración lo que debes evitar, sino la rabia, la depresión o la apatía en la que puedes convertirla. Acepta que te frustras. Entiende su mensaje: te importa, tienes una nueva oportunidad para aprender, y es momento de perseverar.

Así podrás convertir en empuje aquello que antes te podía frenar.