Hoy es producto de ayer. Mañana lo será de hoy.
A la ley se le conoce como causa y efecto. En esencia: todo lo que sucede tienen un origen y toda acción genera una reacción.
¡Menos mal que es así! De lo contrario, no podrías adueñarte de tu destino. Si no, no tendrías la capacidad para mejorar tu vida.
Y ésta, como toda ley o principio de la vida, es inmutable y presente en todo momento. Gracias a esto puedes aprender, experimentando el efecto y preguntándote por sus causas. Gracias a esto puedes crear, sabiendo lo que quieres y actuando sobre lo que producirá esos resultados.
Sin embargo, muchos no lo ven así. Se sienten víctimas por un lado y por el otro inmunes a las consecuencias.
Pero lo que hoy haces o dejas de hacer no es inocente. Son esas, las pequeñas decisiones y acciones de hoy, las herramientas para darle forma a tu futuro.
Un futuro que será indeseable o deseable, frustrante o pleno, aburrido o apasionante, una muestra de lo que no funciona o un ejemplo a seguir.
La vida es un sistema de consecuencias. De esto no podemos escapar.
No dejes que esta ley funcione en tu contra. No pretendas que nada va a pasar. No te engañes cegándote ante las bombas de tiempo que puedan haber en tu vida.
La vida es un maravilloso juego de exploración y creación. Y para ganar el juego necesitas conocer y aprovechar sus reglas.
Tu poder surge cuando alineas lo que haces a las leyes naturales. Lo pierdes cuando pretendes ir en contra o simplemente cuando obvias, por deliberación o por inconsciencia, la manera en que funcionan las cosas.
La vida es un sistema de consecuencias. Esto es lo que hace real la posibilidad de cambiar.
Reconoce las consecuencias naturales de tus actos u omisiones. Aduéñate de tus posibilidades. Toma las riendas de tu vida para vivir no por accidente, sino por diseño.
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