El Verdadero Significado de tus Obstáculos

Publicado el 3 de June @ 5:28 pm por Leo Alcalá

Todos los tenemos. Nadie escapa de ellos.

Toda historia de éxito los contiene. Y las de fracaso, también. Pero en el manejo de éstos es dónde se define la victoria o la derrota.

Hay quienes creen que su existencia significa que no deben seguir. Hay quienes se pierden en el juego y confunden su significado.

Sólo quienes comprenden el propósito de éstos, manifiestan la “alquimia” transformando lo que para la mayoría es una adversidad, en lo que para los que triunfan es una oportunidad.

Obstáculos. Problemas. Desafíos. Retos. Adversidad. Crisis.

¿Por qué? “¿Por qué a mí?”, dicen algunos.

Entender las razones y las causas de que algo se manifieste en tu vida es útil si esa búsqueda se convierte en claridad y cambio. Claridad para marcar mejor tu rumbo y cambio para ser más eficaz en el logro de lo que buscas.

Pero la mayoría de la gente, cuando se pregunta el por qué de sus tribulaciones, se queda atrapada en la culpa. O cuando menos, en la sensación de una autoestima debilitada por la realidad del momento.

Antes que buscar el por qué, es de mayor valor explorar el para qué.

Más que la razón, es una cuestión de propósito. ¿Cuál es el propósito de los obstáculos? ¿Para qué sirven?

Algunos te dirán que es para que abandones el camino. Argumentarán que las barreras son una indicación de que por ahí no es el camino. Los más negativos, dirán que los fracasos son muestra de que no tienes con qué.

Pero, ¿quiénes hablan así?

Los que no han logrado sus sueños. Los que se han quedado atrás. Quienes se han conformado con una pálida versión de lo que una vez creyeron que era posible.

Pregúntale a alguien que está viviendo su vida plenamente. Interroga al que ha triunfado. Pide consejo al que está del otro lado del fracaso. Explora qué piensa el que exuda plenitud.

Te dirán algo totalmente diferente.

Te entregarán un significado, un entendimiento sobre lo que significa un obstáculo, que es opuesto al de la mayoría.

Y no en vano lo han logrado. No por casualidad son quienes son.

Palabras más, palabras menos, te dirán lo siguiente:

Los obstáculos no están ahí para impedirte lograr lo que quieres. Las barreras aparecen en tu camino para darte el chance de mostrar cuán intensamente quieres lo que deseas.

Si no entiendes esto, al buscar entender el por qué algo sucedió te enredarás en la culpa y se debilitará tu determinación a lograr.

Es cuando comprendes que las barreras, los obstáculos, las adversidades, los desafíos y los problemas no están ahí para frenarte, sino para que decidas qué tanto lo quieres y fortalezcas tu carácter, podrás indagar en las causas con el entusiasmo por encontrar la próxima clave que te permitirá llegar más allá.

Los obstáculos no existen para frenar a quienes realmente están comprometidos con su éxito. Están ahí para detener a todos los demás.

Ante las circunstancias negativas en las que te puedas encontrar, recuerda esto: ellas también pasarán.

Así como ha sido todo en tu vida. Llegará en momento en que no estarán. Son circunstancias. Son eventos. Son etapas y estaciones.

Te toca a ti decidir si tu compromiso con lo que quieres es tan transitorio como el problema del momento, o si es ahora la oportunidad para conectarte con tu fuerza interna y avanzar.

Porque el éxito está lleno de obstáculos, de caídas, de tropiezos y equivocaciones.

Quienes lo conquistan no son perfectos. No son inmunes. Son simplemente seres de carne y hueso que deciden, ante cada nuevo desafío, perseverar. Una y otra vez.

Personas, como tú, que eligen entender que cada obstáculo es una oportunidad para renovar y reforzar su fe, su determinación y su convicción puesta en acción por mejores posibilidades.

¿Cuál es el verdadero significado de tus obstáculos? El que tú decidas.

En ti está relacionarte con lo que te sucede de manera potenciadora. De ti depende aprovechar las circunstancias para definir tu fe y poner tu determinación en acción.

Video de las 8 Poderosas Herramientas de Influencia

Publicado el 21 de January @ 9:29 am por Leo Alcalá

Eduardo Martí, Conferencista y Fundador de Forja Consultores, y yo hemos decidido unirnos para producir una gran cantidad de recursos potenciadores.

El primero de ellos lo puedes ver a continuación: es el Video 1 de la serie de 5 videos “8 Poderosas Herramientas de Influencia”.

Este es apenas el comienzo. Hay mucho más que está por venir en los próximos días.

De hecho, ya los otros cuatro videos de la serie están listos.

Mira el video y luego vista www.liderazgoyexito.com. Allí podrás ver los otros videos y el resto de lo que estamos produciendo.

Pero lo más importante es que visites www.liderazgoyexito.com y allí te suscribas a la lista VIP. Así podremos mantenerte actualizado con lo que viene.

Luego de ver este video, ve a la página para suscribirte a la lista VIP.

En el video dice que vayas a www.herramientasdeinfluencia.com.
Pero mejor ve el resto de los videos en www.liderazgoyexito.com
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El poder de las historias para amarrar o liberar tu potencial

Publicado el 19 de March @ 9:19 am por Leo Alcalá

No había terminado de levantarse cuando Diana ya estaba anunciando su miedo: hablar en público. Antes de hacer el ridículo, quiso dejar bien claro que toda su vida había sido torpe al verse en situaciones como la de ahora, en frente de 60 personas que la veían directamente a la espera de sus ideas.

Sin embargo, fue casi mágico. Luego de una breve pausa para llenar sus pulmones, fue definitivamente otra Diana la que habló sobre las reflexiones que su grupo había generado ante el video que acabábamos de ver. Nos encontrábamos en una de mis conferencias, justo después de haber compartido un video impactante, inspirador y lleno de mensajes poderosos—el video sobre la vida de Tony Meléndez.

La elocuencia de Diana y su certeza al hablar fueron impresionantes. Tanto así que una vez que finalizó su discurso, me vi inspirado a parar por un momento las conversaciones sobre el video para hacer evidente lo que acabábamos de presenciar.

No sólo fue una transformación instantánea, sino una magnífica muestra del poder de nuestras historias personales.

Momentos antes, cuando Diana estaba relatándonos su historia de cómo toda su vida le había huido a situaciones en las que tuviera que hablar en público, su rostro, su voz y su corporalidad proyectaban de manera coordinada un claro mensaje: debilidad e incapacidad.

Pero en un instante, luego de que le dije a Diana que dejara esa historia a un lado y que nos contara qué reflexiones había generado su equipo, la transformación fue inmediata: su espalda se enderezó, sus pulmones se llenaron de vida, su rostro tomó una expresión de certeza.

Luego de los aplausos del grupo por la magnífica reflexión que Diana acababa de compartir, pregunté a la audiencia si se habían dado cuenta de la transformación personal que se había manifestado ante nuestro ojos. Todos asintieron afirmativamente. Diana fue capaz de pasar de un estado mental, emocional y energético débil a uno de fortaleza y aplomo de un momento a otro.

Tuve que decírselo: “Diana ¿te das cuenta de lo que acaba de suceder?”. Creo que no sabía a lo que me refería.

“Sabes qué creo”, le dije. “Creo que por mucho tiempo te has estado contando una historia que ya, evidentemente, no te sirve más”. Su expresión reflejó confusión. Así que pasé a clarificar mi punto. Y es este:

Muchas veces lo que te frena y te separa de lo que quieres es la historia que te cuentas sobre por qué no eres capaz, por qué no te lo mereces, por qué no eres suficiente, por qué no tienes con qué.

Es como un cuento. Una serie de racionalizaciones que pretenden mantener el status quo de tu incapacidad para lograr algo.

Como escribió Richar Bach, “justifica tus limitaciones, y te quedarás con ellas”.

Evidentemente Diana, en su capacidad de hablar en público, es mucho más de lo que ella se había dado crédito alguna vez. Su propia historia, su propio hábito de pensamiento, le daba vida en su mente a una falacia: que ella no era buena ni servía para eso.

“Diana”, le dije, “creo que es el momento de inventarte una nueva historia. Una que te potencia, una que te habra posibilidades, una que refleje con mayor precisión aquello de lo que sí eres capaz”.

¿Cuál es la historia que te cuentas a ti mismo, y a la que le das fuerza cada vez que se la relatas a otro, con la que justificas tu “no puedo”?

Todos somos cuenta cuentos. Sólo que algunos se han inventado cuentos empobrecedores mientras que otros han desarrollado discursos potenciadores.

En su esencia, toda historia es inventada. Porque la manera en que racionalizas tu pasado para darle sustento a la hipótesis de tu incapacidad, no es más que una interpretación de situaciones pasadas.

La historia de por qué no puedes no viene de lo que realmente haya podido pasar en tu vida. Nace es de la explicación que desde entonces te has inventado sobre por qué pasó lo que pasó.

Las situaciones y circunstancias no vienen con un significado de fábrica. El significado, la explicación, la racionalización, se la pones tú. La explicación sobre por qué pasó lo que pasó—por ejemplo, por qué no te fue bien intentando hacer una venta—es algo que se genera en tu mente luego de que la situación sucedió.

Muchos de los significados, explicaciones y racionalizaciones a las que le hemos dado fuerza a través de nuestras historias recurrentes fueron creadas desde la ignorancia, el miedo y la inexperiencia.

Múltiples son las historias que quizá ya no nos sirven. Muchos son los cuentos que posiblemente necesitan ser actualizados—puestos al día con nueva data que muestre que sí es posible y que sí, dentro de ti, hay con qué.

Recuerdo a Eduardo Martí, en una de sus conferencias, preguntándonos “¿Quién se considera malo para las matemáticas? ¿Quién se cree malo para recordar nombres? ¿Quién se considera malo para dibujar?”.

Muchos levantamos la mano. Luego, Eduardo soltó la verdad: “Y mientras te lo sigas diciendo vas a seguir siéndolo”.

¿Eres malo? ¿Y si simplemente nunca te diste realmente la oportunidad para aprender?

¿No puedes? ¿Y si es cuestión de darte el chance de aprender la estrategia más adecuada?

¿No es posible? ¿Y si todavía te queda algo más por intentar?

¿Cuál es el cuento con el que te has estado frenando?

Te imaginas si de bebé, dando tus primeros tumbos y tropiezos mientras intentabas caminar, a tus padres se les hubiera ocurrido un cuento: “Tú, hijo mío, lamentablemente no sirves para eso. Olvídate del caminar. ¿Acaso no te das cuenta? Mírate, te caes a cada rato. Llevas una semana intentándolo y no te ha funcionado. Definitivamente, mejor te conformas con gatear por el resto de tu vida”.

¡Qué absurdo!

Pero será que te suena familiar ese tipo de historia cuando de pronto te has encontrado justificándote el por qué…

…no sirves para vender.

…no puedes con tu vida.

…eres pésimo administrando tu tiempo.

…nunca vas a llegar a ser lo que realmente quieres ser.

…nunca vas a tener una buena relación de pareja.

…el dinero no se da contigo.

…no eres capaz de mantener tu peso ideal.

Tú eres el cuenta cuentos. Cualquier historia que te has dicho hasta ahora la puedes volver a escribir. Genera una narrativa diferente que, en vez de cercenar tu potencial, le de pie a tus posibilidades.

Entonces…

¿Cuál va a ser la nueva historia que te vas a contar—esa con la que te vas a impulsar para seguir adelante y lograr lo que quieres?

Para vivir plenamente, ten la muerte en mente

Publicado el 15 de March @ 8:59 am por Leo Alcalá

Confía en mí: lo que sigue está enfocado en la vida. Es sólo que antes quiero darte un poco de contexto sobre las cosas que han disparado la reflexión que estoy pronto a compartir contigo.

Hace unas semanas varios eventos relacionados a la muerte se suscitaron de manera consecutiva. La hija de una amiga de mi esposa, una joven de veintitantos años, madre de una hija de tres meses de edad, murió súbita e inesperadamente por un paro respiratorio. Un vecino, dos casas más arriba que la mía, también se fue luego de una prolífica vida de más de ocho décadas. La mamá de otra amiga también salió de esta vida. Un actor de mi país, Venezuela, tuvo un paro cardíaco fulminante.

Además en esos días, leyendo el estupendo libro El Monje que Vendió su Ferrari de Robin Sharma, me encontré con las páginas en las que se habla del tema de la muerte como clave para vivir a plenitud.

¿Cuánto dejamos de vivir por dar por sentado la vida?

¿Cuánto desaprovechamos el regalo de nuestra existencia por vivir como si siempre fuera a ser así?

En la vida hay muy pocas cosas seguras, pero la muerte es algo fáctico. Puedes estar seguro de dos cosas: una, es que en algún momento entraste a esta vida; dos, en algún momento vas a salir. ¿Cuándo? No se sabe.

¿Hasta cuándo vas a estar aquí? ¿Hasta cuándo van a estar aquí las personas que te importan?

No se sabe. Pero no importa la edad—la muerte súbita de la joven madre agarró de sorpresa a todos—puede ser en cualquier momento.

La muerte es un tabú. Le huimos. Evitamos el tema. Evadimos planificar para ella.

Pero está ahí. Desde el momento en que naciste la muerte como destino te acompaña.

Y es que ese momento—para mí uno que marca una transición a otro plano de consciencia—es parte de lo que le puede dar sentido a la urgencia del vivir a plenitud.

No te hablo de tenerle miedo. Al contrario. Es aceptar que algún día, quizá mañana, ya no estarás aquí. Entonces, mientras estás aquí ¿qué vas a hacer? ¿cómo vas a vivir la vida?

Mis tíos estuvieron la semana pasada en Nueva York. Tenían años que no viajaban a esta, una de sus ciudades favoritas. Apenas estuvieron una semana. ¿Cómo crees que aprovecharon el viaje? No fue precisamente una semana en la que se quedaron echados en la cama durmiendo hasta tarde y desaprovechando las horas.

Cada instante, cada minuto, fue aprovechado. Fueron a tantos museos y exposiciones de arte tuvieron la oportunidad de asistir. Disfrutaron de la ópera, de un concierto de música clásica. Degustaron comidas exquisitas en restaurantes especiales. En fin, le exprimieron hasta la última gota de jugo al tiempo del viaje.

Sintieron que el tiempo voló y que el viaje les quedó corto. Pero regresaron enormemente satisfechos, agradecidos y fascinados por esos siete días mágicos que pasaron en la ciudad de la gran manzana.

Esta vida que hoy vives es como un viaje. Sólo que no sabemos cuántos días tenemos realmente. Y es que no importa. No importa si es hasta mañana o hasta dentro de varias décadas. Mientras estés aquí la idea es aprovechar el viaje al máximo.

Negar la muerte, tenerle miedo y pretender vivir como si eso no fuera a pasarte es también negarte la vida misma.

Gracias a la muerte tenemos que encontrarle sentido a nuestra vida, antes de que se nos acabe.

Gracias a la muerte la vida pasa a ser un privilegio.

Gracias a la muerte podemos vivir con la determinación para vivir plenamente.

Porque sabemos que el viaje es limitado, es que nos activamos para aprovecharlo al máximo.

Porque sabemos que lo que hoy es mañana puede no ser, hoy nos conectamos con la gratitud y el privilegio de vivirlo.

Sí, tienes toda una vida para hacer lo que tienes pendiente. Pero no sabes cuándo durará. No tienes toda la eternidad. No en esta vida, al menos.

¿Qué harías, qué aprovecharías, qué agradecerías, que disfrutarías, si supieras que sólo tienes seis meses de vida?

¿Qué estarías dispuesto a soltar, a eliminar, a regalar, a liberar de tu vida, si supieras que tan sólo te quedan unas semanas de vida?

La muerte, en este sentido, es una herramienta de vida. Saber que viene te hace apreciar más lo que hoy vives y poner en perspectiva aquello que sin necesidad te puede estar estresando.

Así que no te olvides de ella. Eso sí, tenla presente sólo lo suficiente como para impulsarte… ¡a vivir plenamente!

Lo que hace la diferencia, está en ti

Publicado el 14 de March @ 8:52 am por Leo Alcalá

¿Por qué hay gente que nace y crece en condiciones pobres de vida—sin recursos económicos, sin educación, en un ambiente familiar disfuncional—y sin embargo logra superarse, salir adelante y alcanzar éxitos, mientras otras personas que lo tienen todo terminan viviendo vidas que son un desastre?

Esa fue la pregunta que inició la conversación de la otra noche. Lo que vino después fue un enriquecedor intercambio de opiniones sobre lo que hace la diferencia entre quienes rodeados de las peores circunstancias logran triunfar vs. aquellos que, teniéndolo todo, se enrumban hacia la mediocridad.

En otras palabras, lo que distingue al que desaprovecha sus oportunidades del que manifiesta posibilidades de donde pareciera no haber esperanza.

Algunos ejemplos:

La historia del niño que fue entregado por su madre en adopción, que luego abandonó la universidad, más tarde fue despedido de la propia empresa que había creado, fracasó con su próximo negocio… pero al final volvió a su empresa original para sacarla de una inminente ruina y convertirse, él, en uno de los hombres más influyentes de la informática, la música y la animación computarizada (Steve Jobs, CEO de Apple).

El niño que nació sin brazos en Nicaragua producto de la talidomina (una medicina) que le suministraron a su madre durante el embarazo, que luego decidió seguir su pasión, vencer sus limitaciones y alcanzar sus sueños a toda costa… y hoy es un famoso guitarrista que toca con los pies e inspira a multitudes a vencer sus barreras (Tony Melendez).

La niña negra que nació en medio del racismo y la pobreza norteamericana, que fue abusada sexualmente por un familiar a temprana edad y luego salió embarazada durante su adolescencia… que hoy es una de las mujeres más admiradas por millones de personas en todo el mundo por el impacto positivo que ha generado a través de su imperio mediático y su mega-fortuna de más de mil millones de dólares (Oprah Winfrey, conductora por 20 años del Oprah Winfrey Show y Editora de la revista “O”).

El niño que nació en la pobreza en una zona marginal a las afueras de Caracas, Venezuela, que peleó contra la tentación de las drogas y la delincuencia que le rodeaba a través de su compromiso con el estudio, que luego se graduó en la universidad de ingeniero aunque ello implicara emplear más de 7 horas al día trasladándose en transporte público y dormir un promedio de 4 horas por noche… que hoy es Vicepresidente de Tecnología de una prestigiosa firma financiera y vive con su familia en una estupenda casa en una de las mejores zonas de la capital (uno de mis clientes a quien resguardo su anonimato).

Los ejemplos son miles. Y los hay por todos lados. Seguramente alguna vez has tenido contacto o te has enterado de alguien que ha conquistado triunfos contra todo pronóstico.

Quizá tú eres una de esas personas.

Y también puedes conocer a quienes están del otro lado de la historia: quienes teniéndolo “todo”, han desperdiciado su vida.

La diferencia surge de una decisión. La decisión de adueñarte de tu vida. La elección de conectarte con la certeza de que, en última instancia, tu destino depende de ti.

Tu éxito no lo determina las circunstancias. Es tu respuesta ante las circunstancias—la actitud que asumes, las decisiones que tomas, los acciones que emprendes—lo que conforma tu futuro.

No es que las circunstancias no puedan afectarte. Claro que sí. Tú y yo somos humanos. Hay cosas que nos duelen, que nos roban energía, que nos hacen llorar y hasta sangrar. Pero luego del luto, de la caída, de llorar para descargar la rabia, la tristeza o el miedo ¿qué decides hacer? ¿Qué actitudes escoges asumir? ¿A qué te comprometes?

Tus actitudes, decisiones y acciones son lo que al final del día van a marcar la dirección de tu vida.

Tu vida, tu éxito, tu progreso, tu superación, tu próximo nivel de calidad de vida, depende de ti. Está en ti. Está en tu capacidad para escoger una mejor respuesta—una respuesta diferente a la del pasado, una respuesta que te permita sentir que te adueñas de tu destino.

¿Por qué hay gente que teniéndolo “todo” desaprovecha su potencial? Porque sea desde la arrogancia o desde la carencia de auto-estima, no se da cuenta de que la vida está como un regalo del cual adueñarte.

¿Por qué hay quien parecía que tenía todo en su contra y aun así se superó y triunfó? Porque en algún momento de su existir hubo un momento, un instante crucial, en que decidió que su vida estaba en sus manos.

En la conversación de la otra noche también exploramos el tema de la influencia de los padres sobre los hijos en relación a este asunto. No importa si tú eres un padre o una madre que le da “todo” a tus hijos o uno que pueda juzgarse con limitaciones económicas, sociales o culturales—parte de tu misión está en ayudar a germinar en tus hijos ese sentido de pertenencia y de responsabilidad por sus propias vidas.

La responsabilidad que libera.

La responsabilidad que potencia.

La responsabilidad que dice “mi vida, depende de mí”.

La responsabilidad que hace la diferencia.

La responsabilidad que te hace aprender a no buscar culpables.

La responsabilidad que te impide verte como una víctima.

La responsabilidad que te permite buscar una mejor respuesta a tus actuales circunstancias.

La responsabilidad que enciende el poder y libera el potencial más allá de cualquier circunstancia.

Como padres, tenemos el reto de modelar esto a nuestros hijos.

Responsabilízate por tu vida. No te veas ni te sientas como una víctima. Aduéñate de tu destino.

No porque eres un súper héroe indestructible y todo poderoso, sino justamente porque eres humano. Y con tu humanidad viene el poder para elegir algo diferente—una mejor respuesta, una nueva decisión, una acción decisiva que te permita acercarte hacia lo que quieres.

“Nuestras plegarias no son respondidas cuando se nos da lo que hemos pedido, sino cuando somos retados a ser lo que podemos ser”.
—Morris Adler

Quizá las circunstancias que en este momento te rodean—esas condiciones de vida o situaciones en las que te encuentras inmerso—no son las más deseables. Pero ¿será que en ellas está el regalo de la oportunidad que tienes para adueñarte de tu grandeza?

Vivir al efecto o ser causa generadora de un mejor futuro. Ser víctima o ser dueño de tu vida.

La diferencia… está en ti.